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lunes, 25 de abril de 2011

NADIE ES PERFECTO


¿Sabías que  Einstein tuvo un lento desarrollo verbal? No habló hasta los 2 años. Bill Gates no llegó a graduarse en la Universidad. Da Vinci abandonaba los proyectos que se le encargaban. Helen Keller fue la primera persona sordociega en ir a la Universidad.

Con estos ejemplos queremos dar a entender que cada persona es un mundo, somos completamente diferentes a los demás y no sólo en lo que se ve (familia, entorno,…) sino también en “lo que no se ve” (personalidad, intereses, sueños,…). Es decir, la escuela es un “mosaico” formado por partes diferentes y únicas.
Recuerdo lo primero que mi profesora de Biología del Instituto nos dijo: “Cada uno de vosotros sois únicos e irrepetibles.” Se refería a que, en lo que al ADN respecta, cada ser humano es único y esa genética no se repetirá jamás. Si a esto unimos que cada uno se desarrolla de manera distinta, ¿por qué nos comparamos con los demás?
Imagina que llegas a casa y tu hijo/a te pregunta: “¿Qué tal el trabajo?” “Bien”, respondes. Y te sigue preguntando “¿Seguro? Es que he hablado con el hijo de tu compañero y me ha dicho que su padre trabaja mejor que tú.” ¿Qué le dirías a tu hijo/a?

A nadie le gusta que le comparen. Tenemos que entender que cada niño/a tiene una forma y un ritmo de aprender diferente, unos intereses diferentes y unas necesidades diferentes al resto de sus compañeros. Este es uno de los principios básicos de la educación y siempre se tiene en cuenta a la hora de trabajar en clase.

Ahora pensemos ¿cómo repercute la comparación en nuestros hijos? En general, parece asumido que tiene más efectos negativos que positivos. Entre los efectos negativos destacan los sentimientos de inferioridad, falta de motivación para realizar el trabajo escolar, hostilidad con otros y competitividad.
Estas consecuencias pueden darse tanto si el rendimiento es más bajo que el de otros compañeros como si es más alto. Los sentimientos de inferioridad pueden llevar a un autoconcepto negativo y a bajas expectativas de logro, lo que supondrá que el niño/a puede llegar a pensar que “haga lo que haga, seguro que sale mal porque soy un inútil”.
La autoestima y el autoconcepto tienen un papel fundamental en el rendimiento académico, la mayoría de las investigaciones realizadas sobre este tema ofrecen datos que apoyan la hipótesis de la relación entre la imagen que el niño tiene de sí mismo y su implicación específica en el aprendizaje y resolución de las tareas académicas.
Esto no significa que a nuestro hijo no le podemos hacer críticas, sino que éstas hay que hacerlas de modo que el niño/a pueda aceptarlas, corregir sus errores y tomar la orientación debida. También es importante saber reconocer los logros y elogiarle e incluso recompensarle.
Otro de los aspectos en los que la familia puede influir en el rendimiento académico son los llamados “patrones atribucionales”, es decir, a quién atribuimos los éxitos y los fracasos en la escuela. Pueden ser internos (habilidad, esfuerzo,…) o externos (suerte, profesor,…). Por ejemplo:
-          “He aprobado porque soy muy lista” (atribuyo el éxito a mi capacidad).
-          “El profesor me ha suspendido” (atribuyo el fracaso a causas externas a mi).
El modelo atribucional más adecuado es utilizar siempre el esfuerzo para explicar tanto los éxitos como los fracasos: “Aprobé porque estudié mucho” o “Suspendí porque no estudié nada.”
En conclusión, en el aprendizaje lo más importante no es tener más o menos sobresalientes ni ser el o la mejor de la clase. Las notas forman parte de la evaluación que es simplemente un referente para el seguimiento de los aprendizajes de los alumnos y que tiene un carácter formativo y orientador del proceso educativo.
No olvidemos que la finalidad de la educación es el desarrollo de los alumnos, en palabras de Piaget:
“El principal objetivo de la educación consiste en formar personas que sean capaces de hacer cosas nuevas y no simplemente de repetir lo que en otras generaciones han realizado.”


BIBLIOGRAFÍA:
BALLESTER, M.: Evaluación como ayuda al aprendizaje. Barcelona: Graó, 2005.
NUÑEZ PÉREZ, J.C., GONZÁLEZ-PIENDA, J.A.: Determinantes del rendimiento académico: (variables cognitivo-motivacionales, atribucionales, uso de estrategias y autoconcepto). Universidad de Oviedo, 1994.

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