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JUEVES 27 DE OCTUBRE A LAS 19,00 HORAS
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lunes, 25 de abril de 2011

NADIE ES PERFECTO


¿Sabías que  Einstein tuvo un lento desarrollo verbal? No habló hasta los 2 años. Bill Gates no llegó a graduarse en la Universidad. Da Vinci abandonaba los proyectos que se le encargaban. Helen Keller fue la primera persona sordociega en ir a la Universidad.

Con estos ejemplos queremos dar a entender que cada persona es un mundo, somos completamente diferentes a los demás y no sólo en lo que se ve (familia, entorno,…) sino también en “lo que no se ve” (personalidad, intereses, sueños,…). Es decir, la escuela es un “mosaico” formado por partes diferentes y únicas.
Recuerdo lo primero que mi profesora de Biología del Instituto nos dijo: “Cada uno de vosotros sois únicos e irrepetibles.” Se refería a que, en lo que al ADN respecta, cada ser humano es único y esa genética no se repetirá jamás. Si a esto unimos que cada uno se desarrolla de manera distinta, ¿por qué nos comparamos con los demás?
Imagina que llegas a casa y tu hijo/a te pregunta: “¿Qué tal el trabajo?” “Bien”, respondes. Y te sigue preguntando “¿Seguro? Es que he hablado con el hijo de tu compañero y me ha dicho que su padre trabaja mejor que tú.” ¿Qué le dirías a tu hijo/a?

A nadie le gusta que le comparen. Tenemos que entender que cada niño/a tiene una forma y un ritmo de aprender diferente, unos intereses diferentes y unas necesidades diferentes al resto de sus compañeros. Este es uno de los principios básicos de la educación y siempre se tiene en cuenta a la hora de trabajar en clase.

Ahora pensemos ¿cómo repercute la comparación en nuestros hijos? En general, parece asumido que tiene más efectos negativos que positivos. Entre los efectos negativos destacan los sentimientos de inferioridad, falta de motivación para realizar el trabajo escolar, hostilidad con otros y competitividad.
Estas consecuencias pueden darse tanto si el rendimiento es más bajo que el de otros compañeros como si es más alto. Los sentimientos de inferioridad pueden llevar a un autoconcepto negativo y a bajas expectativas de logro, lo que supondrá que el niño/a puede llegar a pensar que “haga lo que haga, seguro que sale mal porque soy un inútil”.
La autoestima y el autoconcepto tienen un papel fundamental en el rendimiento académico, la mayoría de las investigaciones realizadas sobre este tema ofrecen datos que apoyan la hipótesis de la relación entre la imagen que el niño tiene de sí mismo y su implicación específica en el aprendizaje y resolución de las tareas académicas.
Esto no significa que a nuestro hijo no le podemos hacer críticas, sino que éstas hay que hacerlas de modo que el niño/a pueda aceptarlas, corregir sus errores y tomar la orientación debida. También es importante saber reconocer los logros y elogiarle e incluso recompensarle.
Otro de los aspectos en los que la familia puede influir en el rendimiento académico son los llamados “patrones atribucionales”, es decir, a quién atribuimos los éxitos y los fracasos en la escuela. Pueden ser internos (habilidad, esfuerzo,…) o externos (suerte, profesor,…). Por ejemplo:
-          “He aprobado porque soy muy lista” (atribuyo el éxito a mi capacidad).
-          “El profesor me ha suspendido” (atribuyo el fracaso a causas externas a mi).
El modelo atribucional más adecuado es utilizar siempre el esfuerzo para explicar tanto los éxitos como los fracasos: “Aprobé porque estudié mucho” o “Suspendí porque no estudié nada.”
En conclusión, en el aprendizaje lo más importante no es tener más o menos sobresalientes ni ser el o la mejor de la clase. Las notas forman parte de la evaluación que es simplemente un referente para el seguimiento de los aprendizajes de los alumnos y que tiene un carácter formativo y orientador del proceso educativo.
No olvidemos que la finalidad de la educación es el desarrollo de los alumnos, en palabras de Piaget:
“El principal objetivo de la educación consiste en formar personas que sean capaces de hacer cosas nuevas y no simplemente de repetir lo que en otras generaciones han realizado.”


BIBLIOGRAFÍA:
BALLESTER, M.: Evaluación como ayuda al aprendizaje. Barcelona: Graó, 2005.
NUÑEZ PÉREZ, J.C., GONZÁLEZ-PIENDA, J.A.: Determinantes del rendimiento académico: (variables cognitivo-motivacionales, atribucionales, uso de estrategias y autoconcepto). Universidad de Oviedo, 1994.

miércoles, 13 de abril de 2011

Unas cuantas claves para trabajar en casa

Seguimos aportando algunas ideas sobre el tema de la amistad en vuestros hijos. En la adolescencia especialmente, los amigos son muy importantes. Puede ayudarnos tener en cuenta algunas cosas:

* El adolescente busca la independencia y en esa independencia los amigos llegan a ser imprescindibles. La pandilla de amigos se convierte en el lugar de encuentro, de opinión, de información. La confianza, los problemas, las esperanzas se comparten con los amigos. El espejo, los modelos a seguir ya no están en casa sino en la calle, en el colegio, en la actividad que realizan, en la pandilla de amigos.

* La independencia que busca el adolescente es normal, pero además es necesaria para su crecimiento personal. Todos hemos necesitado esa fase de búsqueda de la propia identidad, del propio espacio para madurar y sentirnos capaces por nosotros mismos. Necesitan que les demos ese margen para crecer a medida que van cumpliendo años. 
Es importante por lo tanto favorecer y valorar la amistad por lo que tiene de compromiso, fidelidad y acompañamiento. Y dialogar con ellos cómo se sienten, cómo se lo pasan, sin obligarles a contarnos todo sino dándoles la posibilidad de poder expresarse.
En ese proceso no se puede olvidar que los padres sois los padres, y los padres podéis cuidar las relaciones con los hijos, la confianza y la comunicación pero seguiréis siendo sus padres no sus amigos. Tener esto claro y valorar que ellos tengan sus propis amigos es parte de su propio camino de vida.

* Es importante conocer su mundo, sus amigos, demostrando respeto por ellos como personas. El adolescente necesita tener un espacio en el que sus padres no entren, no decidan, no juzguen. Es bueno no dejarse llevar por el miedo y la desconfianza.
Los límites deben estar trazados antes de que los conflictos tengan lugar. Toda situación conflictiva es una buena excusa para plantear un diálogo, y saber escuchar y no forzar las respuestas del hijo. Y este proceso no se puede iniciar en el momento de la adolescencia sino que hay que ir trazándolo desde niños poniendo normas claras, actuando con coherencia, y dialogando mucho cone llos.

Aunque vosotros en esta época dejáis de ser idolos, no dejáis de ser referentes por más que por su conducta parezca decir que no importáis. Hay que estar dispuestos a proner en práctica los consejos que dais a vuestros hijos y escuchar lo que ellos tienen que decir porque su palabra también puede aportar aspectos positivos en la relación familiar.
Las acciones educativas que vais teniendo en estas edades con vuestros hijos, sin forzar la situación y dando pasos progresivamente, deben procurar que el adolescente vaya haciéndose cada vez más responsable de sus actos, de sus palabras, de sus estudios, de sus amigos, de sus compromisos, de su tarea en casa... etc.

viernes, 1 de abril de 2011

Criterios para educar mejor

Queremos compartir online los cinco criterios que ayer trabajamos en la Escuela de padres presencial por si a alguno le ayuda a pensar en las situaciones cotidianas con sus hijos y le ayuda a tomar la decisión correcta.

Ayer comentábamos que puede haber muchas decisiones correctas y estos criterios sobre todo nos ayudan a pensar cómo tomamos una decisión en un problema y nos pueden ayudar a encontrar una solución adecuada a nuestro hijo, a su situación, a su edad, a lo que ocurre.... Sabiendo que no es lo mismo aplicar estos criterios ante niños de 5 y 6 años que ante los adolescentes. Pero es importante ir aplicándolos a medida que van creciendo y no esperar a que lleguen los primeros conflictos serios.


Criterio 1: DIÁLOGO.
¿Escucháis a vuestro hijo o hija? ¿Apeláis a su capacidad de decidir de acuerdo a sus posibilidades y a su edad?
¿Buscáis las auténticas razones por las que actúa de una manera concreta, para tenerlo en cuenta en lo que le decís?

Criterio 2: CLARIDAD.
¿Es claro el mensaje que enviáis a vuestros hijos? ¿en el diálogo con ellos, queda duda entre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer?

Criterio 3: CONOCIMIENTO.
¿Buscáis acceder a su mundo, su gente, sus aficiones, sus gustos, sus códigos, sus sueños, sus dificultades o no? ¿Tratáis de conocerle?

Criterio 4: RESPETO.
¿Respetáis el espacio de vuestros hijos, su intimidad adecuada a la edad que tiene? ¿Le permitís tener sus secretos? ¿Le ayudáis a manejarse con autonomía, y le pemitís mayor margen de autonomía y responsabilidad a medida que va creciendo?

Criterio 5: COHERENCIA.
¿Sois los padres un ejemplo de lo que le proponéis? ¿Cómo padres os cuestionáis tanto el tema cómo se lo cuestionáis a vuestros hijos?
¿Cumplís vosotros vuestros compromisos?

En este último criterio os remito al video colgado en la entrada anterior. Es interesante y puede ayudarnos a caer en la cuenta de cómo lo hacemos y por lo tanto, de que ejemplo le damos.

Ayer hablamos en la escuela de padres

Ayer en la sesión de la escuela de padres hablamos de la importancia de la coherencia al educar, y el ejemplo es la mayor parte de las veces la mejor educación que les damos a los niños y adolescentes.
Os propongo visualizar este breve anuncio publicitario: Childreen see, children do. (los que los niños ven, los niños lo hacen) Fue el mejor anuncio del año.

http://www.youtube.com/watch?v=D1wuvD4IWKs&feature=related

Es interesante reflexionar sobre lo que nos quiere transmitir... y seguramente cambiar alguna de nuestras conductas si queremos cambiar sus conductas.